La paternidad… que grande suena eso verdad? De hecho es algo a lo que uno nunca puede decir que está suficientemente preparado para afrontarlo. Te pueden venir momentos de valentía sin igual en los que piensas que estás listo para dar el paso, pero seamos sinceros, al rato te vienen a la cabeza miles de razones por las que no darlo es la mejor opción. Que si aún soy joven, que si mi trabajo me absorbe mucho tiempo, no tengo trabajo, quiero viajar, no sabría qué hacer con un niño, me encanta salir de fiesta… hay cientos, en serio, solo párate por un momento a pensar en alguna y seguro que te salen, es más, te reto a que aún teniendo hijos pienses en un motivo para no tenerlos y buscando, aunque sea en lo más profundo de tu negro corazoncito aparecerá alguna. Pero resulta, que como esto va de haber dado el paso, me dejaré de tanta pamplina anti gestación y me posicionaré en el punto en el que ahora mismo me encuentro, a unos meses de asistir al nacimiento de mi hija.
Pero no adelantemos acontecimientos. De qué va esto? Pues simplemente un proyecto que me rondaba la cabeza desde hace unos meses y que por falta de tiempo y vagancia no he comenzado hasta ahora. Pretendo, al menos una vez cada quince días, utilizar este pequeño rincón virtual para hablar de mis experiencias en el sufrido arte de ser padre. Ojo, que esto tiene muchos puntos desde los que enfocarlo, pero como quiera que de un blog personal se trata, lo haré como mejor me parezca.![]() |
| Por dónde narices empiezo?? |
Comenzaré hablando un poco de mí, he entrado hace poco en la treintena de años, soy un hombre casado, desde hace tres y con una relación de pareja de ocho años antes del matrimonio (por la iglesia católica, día cojonudo el que pase oigan, altamente recomendable). Tengo trabajo fijo y cierta cantidad de tiempo libre mal administrado. Vivo con mi esposa en una casa de pueblo con sus tres buenas plantas y un jardín con una piscinita, tengo coche, una moto y bicicleta. En resumidas cuentas poseo una vida realmente cojonuda, o al menos así es como yo quiero verlo, y conste que no es fardar ni nada por el estilo, muy al contrario lo digo porque creo que dadas las circunstancias económicas en las que se encuentra medio mundo valoro muy mucho las comodidades de que disfruto. Tengo a mis padres muy cerquita de casa y un hermano mayor que se las busca como puede. Con estas pinceladas tan solo pretendo que podáis haceros una imagen, aunque muy superficial de la vida que llevo y así entender un poco mis motivaciones.
Presentado un servidor voy a hablaros de mi señora esposa, seré breve y conciso. Unos añitos mayor que yo, con un trabajo en vías de extinción (maternidad...bendita maternidad), y la familia también cerquita. Tiene mucha paciencia conmigo y es, sin querer ser empalagoso y tal, la mujer de mi vida. La conocí en el momento en que me empezaron a interesar las mujeres, a los 19 años… soy así de raro, que pasa. A través de mis amigos entré en contacto con ella como cualquier joven español conoce a la gente. Empapado en alcohol y con el jamor chorreándome por las orejas. Que digo empapado, empapadísimo. Era un fin de año de… no recuerdo la fecha...jejeje... y tras mucho beber, besar mejillas híper maquilladas, hablar, picar cuatro cosas, beber más, fumar sustancias psicotrópicas, caminar, desorientarme, ser arrastrado por los compinches de correrías hasta un lugar seguro, sujetar el mundo con las manos para tratar de detener su alocado bamboleo etílico… un desastre vamos. Pero quiso la divina providencia que aquel despojo humano sin apenas conciencia de sí mismo y con menor conciencia aún del mundo que lo rodeaba, estuviese tirado en la fiesta de la que con el tiempo terminó por convertirse en mi mujer. No se puede sacar absolutamente nada en claro de aquella noche, pero sí que supuso el inicio de las relaciones interpersonales entre dos grupos bien definidos de muchachos y muchachas.
![]() |
| Que bonitos son los bares, eh?... |
A raíz de aquella noche mi grupete de amigos, aquellos que con todo el compañerismo que en estas ocasiones imbuye el espíritu me dejaron tirado en el suelo de la puerta de una casa (la de mi mujer), afianzó la relación con este grupo de chicas y nosotros y desde entonces comenzamos a coincidir de forma continuada en el lugar por antonomasia del joven español púber que se lanza a la madurez, los bares.
No fue sencillo, pero tras mucho quedar, beber, hablar, fumar, reír, cabrearse, conocernos mejor y alternar a altas horas de la noche, se afianzaron hasta cuatro parejas a raíz de aquello, la mía incluida.
Por aquella época tenía 19 años, un trabajo estable, piso propio (más bien el de mis padres que se habían ido al pueblo), un coche viejuno y una flamante novia que me volvía loco. El resto, pese a estar plagado de historias y anécdotas no es cuestión de ser contado aquí, al menos no ahora, pero hay algo que tengo claro y que me ha fascinado muchísimo en mi vida en pareja. Cada día quiero más a mi mujer y me siento más enamorado. No creáis que lo digo así al azahar, es que al principio pasaba muy bien sin verla y no me esforzaba demasiado por contentarla y sin embargo ahora, con once años de vernos las caras, me siento mucho más “colgado” de su persona.
Bueno, por hoy va a quedar así la cosa. Espero que este texto haya servido para poneros en situación, tampoco quiero extenderme demasiado. De paternidad hablo poco, pero es que para hacer una buena masa de pan primero hay que comprar harina, aceite, sal, levadura y agua, y he aquí que hoy ha tocado uno de los ingredientes básicos para cualquier historia. El inicio.


No hay comentarios:
Publicar un comentario